lunes, 21 de julio de 2008

¿Te aturdís en los esfuerzos del Ego?

Es usual que, cuando menciono hacer algo sin esfuerzo, inmediatamente me repliquen cosas como: “¿y entonces cómo voy a lograr lo que quiero?” o “¿voy a tirarme en la cama a esperar que algo pase?” o “no sé hacer las cosas de otra forma”. Esto evidencia que la cultura que vivimos está llevada de la nariz por el Ego, no por nuestras instancias superiores. Por lo tanto, el cambio que planteo no es superficial sino uno muy profundo. Es más, es uno de 180º.

El Ego es una herramienta del alma, pero lo hemos transformado en el que decide nuestra existencia. Así, vivimos llenos de sus miedos y dudas, luchando la vida, defendiéndonos del “otro”, exigidos para ser mejores, únicos, distintos. En algún momento de la infancia o adolescencia, el Ego creó una imagen idealizada de lo que debíamos ser y, desde entonces, la tiene de zanahoria para que corramos como conejos, para jamás alcanzarla… es imposible hacerlo!

Aquí entra la noción de esfuerzo: creemos que si no conseguimos algo, entonces tenemos que redoblar el empuje. Esta es otra palabra del Ego: empujar. No sabe fluir con las situaciones, no tiene confianza, no se entrega a lo que es. Tiene que hacer algo, lo que sea. Ser para el Ego es casi incomprensible, ya que es una enorme cantidad de aspectos, que se ayudan, se pelean, se contradicen y todos se dicen Yo. Esta es su función en realidad: experimentar en la Tercera Dimensión lo que el alma desea; pensar, discriminar, decidir, actuar adecuadamente; ser un sirviente digno de ella.

Cuando captamos esto, comenzamos a vivir desde el Ser Superior. Podemos ponerle límites a estos aspectos y centrarnos en la mejor expresión de nosotros mismos. Esto significa una transformación sustancial de la forma en que nos vemos y vemos a la realidad que nos rodea. Nos damos cuenta de que somos los verdaderos creadores de lo que somos y nos sucede. Ya no estamos culpando a todo ni sintiéndonos víctimas; iniciamos el camino a reclamar el poder que nos corresponde.

Los objetivos que nos planteamos ya no están influenciados por las inseguridades del Ego, que quiere demostrarse y demostrar que es alguien. YA somos alguien: un Ser Espiritual transitando una experiencia Humana. Sólo es necesario reconocerlo y expresarlo en la Vida, mediante un Ego fuerte y sano. ¡Sí! No tenés que matarlo ni negarlo ni combatirlo, porque él es tu instrumento y, cuanto más centrado y eficaz sea, mejor te servirá. Un Ego pobre no te permitirá evolucionar y uno hiperdesarrollado se creerá el Ser real.

Esto facilita el proceso de creación y concreción. Obviamente, estamos en tiempos de transición, tanto individual como colectivamente. Fluctuaremos entre un sistema y otro. Lo importante es comprenderlo y elegir. Siempre tenemos el libre albedrío. Hay cosas que costarán más. En principio, esto significa que hay algo para aprender, algo para comprender, algo para esperar, algo para consolidar. La forma de superarlo no es mediante el esfuerzo sino mediante la concentración.

La solución es focalizarnos en el tema, dejar de disgregarnos en múltiple vaguedades, preocupaciones, dudas, temores para aplicar todos nuestros recursos en lo prioritario, en lo que deseamos desde el corazón. ¿Es lo que hacemos? No. En el mejor de los casos, nos concentramos diez minutos, media hora por día. El resto lo dedicamos a criticarnos, quejarnos de la situación personal y mundial, preocuparnos de todo lo que va a salir mal (haciendo uso extensivo de las Leyes de Murphy), culpar a los demás, recordar hechos dolorosos del pasado, correr de un lado al otro (somos personas muy ocupadas…), vegetar en trabajos que odiamos, ver y leer noticias violentas y deprimentes, ¿me olvido de algo? Podés agregarlo vos. En síntesis, nos perdemos en el Ego.

Después de este despliegue de actividades, esperamos que los diez minutos que pasamos “visualizando” lo que deseamos sean suficientes para lograrlo. ¿Ves por dónde pasa el problema? ¿Cómo puede suceder algo si te la pasás boicoteándolo? En realidad, se trata de un re-aprendizaje. Cuando dije hace un tiempo que me consideraba una Maestra de la Nueva Energía, quise significar que estoy para educar. Uno de los más bellos significados de “educar” es encaminar: dar a alguien los medios para abrirse al mundo, encauzarlo hacia el pleno desarrollo de sus posibilidades… ¡y las tuyas son magníficas!

Te enseñaron que debés esforzarte y resistirte. F.M. Alexander dijo: “Abandonemos el intento de hacerlo con esfuerzo, pero nunca abandonemos”. Es una gran verdad. Como el slogan de Nike: “Just do it” (sólo hazlo). Focalizate en hacerlo con alegría, creatividad, entusiasmo, conciencia. Dios te ama. Te acompaño.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

"JUST DO IT" TAN FACIL DECIRLO COMO HACERLO.
LAS PALABRAS NOS MARCAN TANTO COMO PENSAMOS. "JUST DO IT"
ALGRIA,. FELICIDAD, DAR DAR DAR Y NUNCA TERMINAR.
GRACIAS POR TU REFLEXION!!!

LAURA FOLETTO dijo...

Sí, la palabra es el segundo nivel de creación (pensamiento/palabra/acto): tenemos que ser más cuidadosos de lo que decimos.
Dar, dar, dar... y recibir, recibir, recibir!! También se nos olvida.
Gracias por tu comentario.
Cariños.