martes, 18 de octubre de 2016

Comunicación áurica: no eres una isla

¿No te pasó que, estando de buen humor, comenzaste a hablar con un conocido y terminaste enojado?  No discutieron y hablaron de tonterías, pero tu ánimo cambió.  ¿O que entraste a un lugar y te sentiste mal, algo no te gustó, a pesar de que no pasó nada?  ¿O que te pusiste a conversar con una persona que no conocías en el tren y te abriste como nunca, le contaste cosas íntimas, y recibiste el consejo justo?

En una sociedad materialista como la que vivimos, creemos que somos solo un cuerpo, que estamos dentro de una burbuja, en la que nada entra ni sale, que somos islas en medio de un archipiélago fijo y frío.  Nada más alejado de la realidad…

Aunque leamos mucho sobre espiritualidad, seamos religiosos o tengamos la teoría más elaborada, la verdad es que no llegamos a darnos cuenta de las enormes implicancias de ser seres espirituales transitando una experiencia humana.  Nuestra aura (los cuerpos energéticos que están activos en esta dimensión) es la responsable de todas nuestras relaciones y nos conecta de formas inconscientes a Todo Lo Que Es.

Creemos que, cuando nos vinculamos con algo o alguien, solo lo hacemos a través del cuerpo físico (la mirada, la voz, el tacto, la actitud, la ropa) pero nuestro campo electromagnético es el que atrae o rechaza, envía mensajes, dicta el tono del contacto.  ¿Cuántas veces quisiste alejarte de alguien que recién conociste o acercarte hipnóticamente a un lugar que sentías que te llamaba? 

La velocidad, la emocionalidad, la intelectualidad, la sexualidad, la salud, la guía, la autoestima, muchas cosas (como los lazos kármicos, por ejemplo) son intercambiadas en cada trato.  Un individuo pausado y lento baja la ansiedad de alguien rápido; una persona en un estado violento altera a muchos a su alrededor; un bebé sonriendo calma a cualquiera que se le acerque, despertando lo mejor de sí mismo; alguien pesimista y abatido crea una nube negra en su entorno.  ¿Sabes que puedes “captar” las ideas o emociones de los que están cerca de tu aura (en el banco, en una reunión), sin  siquiera comunicarte?


Y ni siquiera es necesario estar físicamente cerca para percibirlo.  En este tiempo de virtualidad, una pantalla es el medio para establecer relaciones antes inverosímiles, no porque no fueran posibles (la comunicación aúrica está siempre disponible) sino porque pudimos manifestarlas.  ¿Acaso no sentiste alguna vez que alguien a miles de kilómetros te necesitaba o le había pasado algo antes de que te avisara?  ¿La energía con que alguien habla o escribe, a través de Internet, no te revela cómo está, qué le sucede?

Voy a evitar entrar al ancho mundo de las comunicaciones interdimensionales porque eso ya es insondable e inabarcable.  Desde los “bichos” del bajo astral de cuarta dimensión hasta los Seres de Luz, existe una vastedad de formas, lugares y posibilidades que no entran en nuestra imaginación más desbordada y las circunscribimos a la ciencia ficción para entretenernos… o cegarnos ante lo ineludible

No queremos pensar en eso, estamos demasiado ocupados en las exigencias que el Ego ha establecido como importantes: todo lo material.  No deseamos considerar que somos responsables del estado del planeta (y más allá), que cualquier cosa que pensamos, sentimos, hablamos, hacemos, entra al campo de energía de la Humanidad y provoca consecuencias.  Mejor seguir creyendo que somos islas.  Pero resulta que somos los primeros perjudicados por esa falsedad: al no tomarlo en cuenta, no nos cuidamos de las auras de personas y sitios que nos dañan; convocamos aquello que más tememos; atraemos situaciones a las que nos abrimos sin saberlo; nos enfermamos en lugares nocivos para nosotros; nos enganchamos en velocidades, emociones, ideas, que no son armónicas para nuestro diseño; no escuchamos al cuerpo, los instintos, la intuición, los gustos, la guía interior; nos sentimos solos y perdidos en un universo desolado.

Todos somos Uno.  Imagina que eres una gota en el océano; sigues siendo individual y único pero parte indivisible de esa poderosa corriente.  Aprecia tu singularidad y disfruta el todo, siendo consciente de que continuamente estás conectándote con la Vida.  Haz silencio y escucha el sonido de la Luz.